martes, 9 de mayo de 2017

La epopeya de la Fuerza Z I

La epopeya de la Fuerza Z I

A medida que se hacía más evidente el pronto estallido de las hostilidades en el Lejano Oriente, la Royal Navy hizo planes para enviar una gran y equilibrada flota a Singapur. En agosto de 1941, el Almirantazgo propuso trasladar siete acorazados, si bien no los mas modernos, un portaaviones, diez cruceros y 24 destructores al Lejano Oriente. Sin embargo, dicha flota no estaría disponible para su envío hasta marzo de 1942. También en agosto, el gobierno australiano pidió la presencia urgente de varios acorazados que pudieran actuar como freno a las ambiciones japonesas. Esta situación llevó a Churchill a considerar el envío en octubre a Singapur de una fuerza menor en torno a un moderno acorazado, un crucero y un portaaviones. Esta disparidad de opiniones dio lugar a un enfrentamiento entre Churchill y el Ministerio de Marina que estaba a favor de enviar una flota más grande y sobre todo equilibrada. No se llegó a compromiso alguno hasta el 20 de octubre cuando en una reunión se acordó que el acorazado Prince of Wales  comenzaría un tránsito a Ciudad del Cabo,  a la espera de tomar con una decisión final para cuando atracase en la ciudad sudafricana.



Acorazado HMS Prince of Wales 

El Prince of Wales partió desde el Clyde el 25 de octubre con tres destructores. El 16 de noviembre, llegó a Ciudad del Cabo. Este alto en el trayecto fue anunciado en prensa y el Almirantazgo no hizo ninguna maniobra para cambiar su destino. El acorazado reanudó su periplo hasta Colombo, en Ceilán, donde le esperaba el crucero de batalla Repulse y dos destructores mas. En la tarde del 2 de diciembre, la denominada Fuerza Z formada por los dos grandes buques y cuatro destructores llegaba a Singapur.

El ambiente preguerra se notaba perfectamente en la base naval británica y el avistamiento el 6 de diciembre de tres grandes convoyes de transporte japoneses al sur de Indochina sugirió que la Fuerza Z pronto entraría en acción. El día 8, ya con la guerra declarada, llegaron informes del desembarco de tropas japonesas en tres puntos diferentes de Tailandia y Malasia. Ese mismo día, aviones de la Armada Imperial Japonesa bombardearon Singapur donde se hallaba fondeado el Prince  of Wales.



Almirante Sir Tom Phillips, comandante naval de la flota en Extremo Oriente

Por la mañana del 8 de diciembre, cuando la magnitud de los ataques japoneses en el Pacífico se había convertido en evidente, y el Almirantazgo había dado órdenes para iniciar las hostilidades, no se podía negar que la misión principal de la Fuerza Z, actuar como un elemento disuasivo ante los nipones, había fracasado. Ante esta situación, Londres reflexionaba sobre la misión a realizar por la Fuerza Z. Antes de tomar cualquier decisión, el almirante Sir Tom Phillips, comandante naval de la flota en Extremo Oriente, ya había actuado. Tras regresar  a Singapur en la mañana del 7 de diciembre de una conferencia con los americanos en Manila y después de otra reunión al día siguiente temprano con los comandantes británicos en la base naval, Phillips determinó que tendría que actuar con rapidez con su pequeña pero potente fuerza para poder albergar alguna esperanza de derrotar a los japoneses e impedir la invasión. La operación dependía en gran medida del factor sorpresa, sin embargo las posibilidades de alcanzar Singora, objetivo del desembarco japonés, sin ser descubiertos gracias al tiempo encapotado por las nubes en época de monzones era del 50%. Tal vez por esta razón, durante la mañana, se cambió su objetivo a Kota Bharu con la intención de llegar a destino en la mañana del 10 de diciembre.

El Prince of Wales era el segundo acorazado de la clase King George V, la clase más moderna de acorazados británicos que entraron en combate durante la guerra. La nave estaba fuertemente blindada, equipada con un impresionante armamento principal de diez cañones de 356 mm o 14 pulgadas y una velocidad máxima de 28,5 nudos. Su debilidad principal se hallaba en su limitada capacidad para enfrentarse contra modernos y rápidos aviones, especialmente si volaban a baja altura. El crucero de batalla Repulse no había sido modernizado desde su finalización en 1916. Como cabría esperar de un crucero de batalla, la nave disfrutaba de una gran velocidad y de un considerable armamento principal de 6 cañones de 381 mm. o 15 pulgadas, sin embargo no poseía un blindaje acorde con los tiempos sobre todo contra bombas aéreas o torpedos. Su batería antiaérea era totalmente inadecuada. A pesar de estas deficiencias, las dos naves capitales constituían una amenaza real para las comunicaciones marítimas japonesas a través del Mar de la China Meridional, y por supuesto los convoyes de tropas.



Crucero de batalla HMS Repulse

La verdadera naturaleza de la táctica de combate aéreo japonés era desconocida por Phillips y en general por al Royal Navy. Las capacidades de ataque de los aviones y aviadores japoneses a los ojos de los británicos no parecían ser nada extraordinarias y probablemente se creía que no estaban tan desarrolladas como las amenazas con las que la Royal Navy se había enfrentado en el Atlántico Norte y en el Mediterráneo. Justo antes de que partiera para Extremo Oriente, el Prince of Wales había sido atacado desde el aire por aviones italianos, ataques que fueron rechazados, aunque otro acorazado, el Nelson, recibió un impacto de un torpedo y sufrió daños considerables. A esta falsa percepción habría que añadir que usando como referencia la autonomía de los torpederos británicos en servicio, existía la creencia general que las 400 millas que separaban la Fuerza Z de las bases aéreas japonesas en el sur de Indochina suponían una mínima amenaza a la flota.